marzo 4, 2016

Comparte (Serie#1 – Sermón #2)

 

¿Alguna vez te ha pasado que cuando crees que las cosas van a mejorar empeoran? Cuando sucede este tipo de situaciones, nuestra fe es puesta a prueba.

Recuerdo mis días en el Instituto Bíblico Ebenezer. Cuando decidí dedicarme al ministerio y prepararme allí. Fui como la mayoría, con un presupuesto recortado pero con mucha fe de que Dios iba a proveer. En mi caso, había trabajado en una empresa y contaba con el dinero de la liquidación para inscribirme y mantenerme los primeros meses. La Iglesia que me enviaba era muy pequeña para sostenerme allí, y sólo contribuyeron con una caja de artículos para mi aseo personal y alguno que otro suministro para mis comidas. De manera que sólo contaba con esos recursos.
Pasó el primer trimestre y para mí fue una gran experiencia. Sin embargo, cuando me tocó inscribirme en el próximo, mis recursos se habían agotado y ya no tenía el costo de la inscripción. Me entristecí y me senté en un banco de concretó que estaba frente a la administración por un tiempo con la esperanza de que pasara algo pero nada pasó. Las cosas se pusieron peores para mi.

Me parece que eso fue lo que le pasó a Elías, la situación no mejoró, más bien empeoró, él tuvo una provisión sobrenatural pero en un año se secó el arroyo, y no tenía para beber. También le pasó a la viuda, cuando Elías la conoció, las cosas se le habían puesto malas, no tenía sino sólo un puñado de harina y un poco de aceite, lo justo para una comida y morir de hambre.  la Biblia dice:

(7) Pasados algunos días, se secó el arroyo, porque no había llovido sobre la tierra. (8) Vino luego a él palabra de Jehová diciendo: (9) Levántate, vete a Serepta de Sidón y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente(10) Entonces él se levantó y se fue a Serepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña, y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba. (11) Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano. (12) Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en la vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mi y para mi hijo, para que lo comamos y nos dejemos morir. (1 Reyes 17:7-12)

Aunque las cosas se pusieron peores ellos encontraron el secreto de la multiplicación, y  Dios multiplicó su provisión.

Compartir es el secreto espiritual de la multiplicación. Eso lo comprendí en el Instituto Bíblico.

Estando sentado en el banco, uno de los profesores Norteamericanos, se fijó en mi semblante y me dijo:
– Carlos, te veo triste ¿que te pasa?
Yo le dije:

-Profe… yo pensé que Dios me iba a proveer mientras estuviera aquí, pero no fue así, las cosas económicamente se pusieron peores y no puedo inscribir este trimestre. Aunque desde que llegué he orado por mi provisión.

El profesor me respondió con otra pregunta y me dijo:

– Carlos ¿Tú ofrendas a Dios? ¿Tus das tus diezmos al Señor?

Yo le dije rápidamente, asombrado por lo absurdo de la pregunta:

-Y cómo voy a ofrendar si no tengo un bolívar.

Con mucho cariño y tacto, tratando de que yo me diera cuenta de mi error, me hizo dos preguntas más:
– ¿Cuando fue la última vez que ofrendaste o la última vez que recibiste algo de alguien?

Yo le dije:
– La última vez que ofrende, fue en el culto que hizo mi iglesia cuando me despidieron, hace tres meses y medio, y hoy recibí una caja con papel higiénico, pasta dental, jabón, afeitadoras y otros artículos de higiene personal, junto con algunos suministros para mis desayunos (en ese tiempo el Instituto no daba desayuno)  cereal, mantequilla, harina pan, etc.

El misionero me dijo:
– Pues es hora de que comiences a ofrendar y hazlo de la caja que te dieron.
Me fui pensativo y con un poco de duda a la residencia, pero cuando estuve frente a  la caja de artículos decidí compartir. De los cuatro rollo de papel higiénico tomé uno, tomé una taza de cereal, y así fui apartando mi ofrenda para compartir con mis compañeros de residencia.

Al  siguiente día llegaría la provisión que no paró mientras estuve allí. El gerente de una librería cristiana estaba buscando a un vendedor ambulante y le pagaría una comisión de acuerdo a las ventas, ese fui yo. Cuando iba a mi obra práctica en las iglesias vendía casetes, libros y biblias y por un año esa fue mi provisión para dar mi ofrenda y diezmo, pagar mi instituto, para desayunar y para comprarle algunos regalos para enamorar a la que hoy es mi esposa.

 

Elías compartió con la viuda lo que tenía, la Palabra de Dios. Y la Viuda con Elías de lo poco que le quedaba para comer. La Biblia dice:

(13) Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mi primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. (14) Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra. (15) Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días. (16) Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.

Elías le dio a la Viuda lo único que tenía, la palabra de Dios. El venía de estar en el arroyo de Querit, donde era alimentado por cuervos y bebía agua de allí, pero el arroyo se secó y su provisión cesó. El Señor le dirigió a Serepta de Sidón sin nada, porque ahora su provisión iba a estar allá en casa de una viuda pobre. Pero aún cuando no tenía nada material que dar, Elías compartió la promesa que Dios tenía para la viuda, la mujer escuchó con fe, y Dios le multiplicó su provisión a través de ella.
El hecho de que Elías no tenía nada para dar sino la palabra, nos recuerda un pasaje en el libro de los hechos cuando aquél cojo le pedía limosna a Juan y a Pedro, y Pedro le dijo: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda” (Hechos 3:6) No tenían nada más que darle sino el poder de la palabra de Dios. No había cantidad suficiente de monedas en este mundo que pudieran pagar la curación de este cojo, sólo el poder de la palabra en la boca de Pedro podía hacerlo.  Muchos ministros del Señor no tienen nada más que dar sino la palabra de Dios, pero esto es suficiente para levantar las rodillas paralizadas de muchos y hacerlos andar.
Si los cuervos representaban la provisión misericordiosa y sobrenatural de Dios. La viuda representa la provisión de Dios a través de la ayuda a los más necesitados. Dios multiplica nuestra provisión cuando ayudamos a los más necesitados. Los huérfanos y las viudas eran considerados como las personas más necesitadas de la época. Según Walton, Matthews y Chavales (2004) “una viuda no tenía derechos a la herencia…Necesitaban protección bajo la ley porque eran impotentes para protegerse a sí mismas y a menudo dependían de la caridad pública para poder sobrevivir” (p 416). Lo que nos recuerda que la iglesia debe estar abocada a tener ministerios que ayuden a los más necesitados. Muchas ministerios se concentran en tener cómoda a la gente en la Iglesia y sobre todo a los que pueden dar más dinero, pero no es así para Dios, él quiere multiplicar nuestra provisión para ayudar a los más necesitados. En las matemáticas de Dios, Él está interesado en proveer a aquel que ayuda al necesitado. La Biblia dice:

“La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.” (Santiago 1:27) “Honra a las viudas que en verdad lo son” (1 Timoteo 5:3)Esta mujer estaba tan necesitada que ni leña tenía para encender un pequeño fuego. Ella estaba hurgando entre los rastrojos abandonados por el tráfico en la puerta de la ciudad, para encontrar pequeñas piezas que los demás habían dejado caer (Walton, Matthews, Chavales, 2004, p 416)

Necesitamos tener ministerios en las iglesias que visiten y honren a los más necesitados. La palabra honrar, en el pasaje de 1 Timoteo, tiene el significado de suplir las necesidades materiales de la viuda que lo merezca. Las iglesias que tienen este deber como prioridad, prosperan.

La viuda también compartió lo que tenía, ella escuchó la promesa de Dios, y después de superar el temor (vv 13-16) coció una torta pequeña con el puñado de harina y el poquito de aceite que le quedaba, y Dios le multiplicó. Esta historia nos hace recordar las palabras de Jesús cuando envió a sus discípulos a predicar, él dijo:

(40) El que a vosotros recibe, a mi me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. (41) El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá. (42) Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría, solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa. (Mateo 10:40-42)

La viuda recibió recompensa de profeta, por cuanto alimentó a un profeta de Dios. Dios multiplicó su provisión porque compartió con uno de sus pequeñitos. Esto nos enseña que la iglesia del Señor debe atender a los siervos de Dios que se dedican al ministerio.  La Biblia dice:

Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar. Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario. (1 Timoteo 5:17-18)

Nuevamente la palabra honor en este pasaje se refiere, a cubrir las necesidades materiales de aquellos que se dedican a gobernar, predicar y enseñar en la Iglesia. De aquellos que preparan el pan espiritual para que la iglesia esté saciada espiritualmente.
Aunque los ministros del Señor, dedicados a la obra, estamos llamados como Elías a compartir el mensaje gratuitamente (haya pago o no). La Iglesia del Señor está llamada a honrarnos con el sustento material, cómo lo hizo la viuda. Cuando esto se cumple, Dios multiplica la provisión. El secreto de la multiplicación es compartir.

Dios quiere multiplicar tu provisión pero debes aprender a dar con fe. La Biblia dice:

Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir (Lucas 6:38)

La gente generalmente tiene dos objeciones para dar: La primera es por miedo y la segunda por egoísmo.

Cuando Elías le pidió un poco de agua en un vaso, la viuda pudo ir con un corazón generoso a darle,  quizá porque tenía la cantidad suficiente para hacerlo (recordemos que el agua también escaseaba); pero mientras la viuda iba a buscar el agua, Elías la llamó y le dijo que le buscara también un bocado de pan cocido. En ese instante esta mujer sintió miedo, porque lo único que tenía era un puñado de harina y un poco de aceite que alcanzaba solo para ella y para su hijo. No podía compartir lo único que tenía, había justo para dos, no para tres. Entonces vino la promesa de Dios a través de Elías diciendole:

(13) No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mi primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. (14) Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.

La viuda tenía la opción de creer la promesa divina y compartir, o no creer y negarle a Elías su pan. Esta mujer decidió creer y Dios multiplicó su provisión. Dios envió a Elías a la viuda no sólo porque esta tenía una necesidad, sino porque también tenía fe. Jesús habló de ella cuando dijo:

(25)Y en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra; (26) pero a ninguna de ellas fue enviado Elías; sino a una mujer viuda en Serepta de Sidón. (Lucas 4:25-26)

Jesús utilizó este pasaje de la viuda para explicarle a su propio pueblo que no hacía los milagros que ellos escuchaban de él  en Nazaret porque no tenían fe en él.

Esta mujer manifestó su fe en la promesa; no sólo porque compartió de lo que poco que tenía, sino porque coció, según la instrucción de Dios, primero una torta para Elías y se la llevó, para luego hacer la de su hijo y la suya. Si hubiese hecho al revés, no hubiese manifestado fe. La Biblia dice:

Honra a Jehová con tus bienes, Y con las primicias de todos tus frutos; Y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto. (Proverbios 3:9-10)

Cuando la viuda, aunque no era Israelita y no adoraba al Dios verdadero, dio en primer lugar, honró a Dios y su sustento se multiplicó mientras Elías permaneció en su casa. Esto nos enseña que los principios espirituales son universales, que Dios honra a quien lo honra, sin importar su origen. Hay mucha gente que ofrenda y diezma a la iglesia y no asisten a la iglesia, pero han aprendido este principio, y Dios le honra. En algún momento llegarán al Señor y darán su testimonio, como lo hizo la viuda al final del relato, o aquel centurión que daba sus limosnas a Dios.

Hay quienes traen sus ofrendas a la iglesia y no las preparan con anticipación, antes de hacer cualquier gasto con sus ingresos, estos dan de los que les sobra, puesto que hacen sus gastos y cuando llegan a la iglesia de lo que le queda dan. Pero hay quienes dan como lo hizo la viuda, con fe, pues preparan su ofrendas antes que cualquier gasto y se la ofrecen a Dios en primer lugar. Estos últimos han honrado a Dios y para ellos son sus promesas de abundancia. Así que si vas a compartir algo, hazlo con fe.

 

Hemos sido llamados a compartir el evangelio con el mundo, y debemos ir a donde Dios nos llame.

Cuando Dios estableció su juicio sobre Israel, envió a Elías a un Arrollo llamado Querit, que representa el tiempo para estar a solas en la presencia de Dios. Querit viene de una raiz Hebrea que significa, cortar, trozar o aislar (Guzit: 2004) Allí vivió Elías por un año, solo, en la presencia de Dios, siendo esculpido por el Padre y bebiendo del agua del arrollo que provenían de lo alto (Jordán). Este también es un cuadro del hombre que busca el rostro de Dios a solas, escondido en él, siendo esculpido por el Padre a imagen de su hijo Jesucristo y bebiendo de las aguas del Espíritu que viene de lo alto. Que hermoso cuadro del cristiano que busca la presencia de Dios.

Pasado un año se secó el arroyo y Dios le dirigió a Serepta de Sidon. Esta era la ciudad de Jezabel, la misma ciudad de donde provenía la promotora del culto a Baal y a Astoret diosa de los sidonios (Lockward: 2003), la misma causa de la sequía en Israel.  Si Querit representaba el tiempo en la presencia de Dios. Serepta simboliza el mundo dominado por el diablo. Elías es enviado al mundo, a compartir con una mujer que no conocía al Dios de Israel, pero que iba a creer en él.

Dios no sólo nos llama a estar en su presencia, sino a ir al mundo, y en ambos lugares nos promete su provisión. Dios provee cuando estás en su presencia y también provee cuando compartes su presencia. Si vives en la presencia de Dios y no compartes se puede secar tu “arroyo”.

Nuestro Señor Jesucristo, estaba noches enteras y se levantaba de madrugada soló para estar en la presencia de su Padre, pero después en el resto del día, salía a compartir de lo que su Padre Celestial le daba. Como cristianos debemos ser y hacer como Cristo, estar en la presencia del Padre y compartir el evangelio.

En fin, el segundo principio espiritual es compartir. Nuestro deber espiritual es compartir la palabra y nuestros recursos. Cuando ofrendamos y diezmamos al Señor, la iglesia tiene el deber de administrar estos recursos en tres direcciones principales: Las misiones y la evangelización, ayudar a los más necesitados y sostener a los ministros que trabajan en la obra.Y Dios multiplicará su provisión.

Te desafío hoy a que te reúnas un día a la semana con tu grupo pequeño a:

1. Repasar y compartir lo que aprendieron de este pasaje de las Escrituras.
2.  Planificar una visita a quien tiene necesidad, orar por ella y ayudar.
3.  Dar testimonio de tu experiencia en un servicio dominical.

Dios te bendiga rica y abundantemente.

Pastor Carlos Fuenmayor.

DIOS tambien provee en tiempos de escasez (ver Video)

Bibliografìa.

Guzik, David. “El Temprano Ministerio de Elías”. Enduring Word Media [en línea]. 2004. [Consulta: 17 enero de 2016] http://www.enduringword.com/commentaries/ESP1117.htm

Lockward. (2003) Nuevo Diccionario de la Biblia. (1ª ed.) Miami. Editorial Unilit.

Walton, Matthews, Chavalas (2014) Comentario del Contexto Cultural de la Biblia: Antiguo Testamento.(2 ed) Alabama. Editorial Mundo Hispano